Dinero versus espiritualidad.    

cash, money, wealth

Muchas personas se preguntan sobre la relación adecuada que existe entre el mundo de la materia y el mundo espiritual.

La dosis justa que persigue aquel que vive impartiendo conocimientos (cursos), actividades (talleres, seminarios) o retiros de silencio, yoga, meditación, etc.

Es una constante dialéctica que suscita controversias entre los estudiantes y aspirantes que eligen la vía de la auto-superación personal.

Aun sintiendo que esto no es la cuestión central que implica esta controversia, la cual arranca desde la parcial visión del mundo fenoménico, no he querido dejar de tratarla, describirla y aportar mi visión.

¿Por qué y cuánto se supone que debemos aportar como estudiantes a los seminarios y talleres de crecimiento personal?

Esta primera pregunta la dejo entrever más adelante, entre líneas, en mi exposición.

Si partimos del cuanto hay que aportar, he encontrado en mi experiencia y en la de otras personas, que existen varios puntos de vista que pueden resumirse en tres situaciones fundamentales:

  • Que el facilitador del taller no cobre absolutamente nada, pues el conocimiento universal es gratuito.
  • Que el facilitador de la actividad cobre un precio asequible, que le permita cubrir los gastos de desplazamiento, alojamiento y manutención, hasta el punto de destino y su retorno.
  • Que el facilitador cobre un importe, que al igual que en el anterior caso le permita cubrir sus gastos, así como un beneficio que destina generalmente para poder seguir cubriendo sus necesidades materiales cotidianas, y por ende, su actividad como facilitador.

En este contexto de relación, donde sólo aludimos a la cuestión económica, la figura del facilitador se alza como único interlocutor válido en el sistema de elección, no solo del precio del evento, sino también en el diseño y ejecución del curso.

Así existe un contrato invisible que liga generalmente ambas partes, las cuales aceptan de buen agrado tanto las condiciones como el discurrir del evento.

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