Mirando de cerca a la Muerte.

angel, dark, dark angel

Hoy es el día de los difuntos.

Fui caminando al cementerio de mi ciudad. Me apetecía dar un paseo.

Es otoño. El otoño es una estación que invita a la introspección.

El día amenazaba lluvia, aunque el sol parecía jugar aún a rebelarse, a no esconderse definitivamente a su morada de sueño.

Igual que caen las hojas de los árboles, el cuerpo declina y es abandonado al final de nuestros días. Es el otoño del cuerpo. Es el entierro de nuestra mente, con todos sus recuerdos, experiencias y expectativas no cumplidas.

Ver caer las hojas de un árbol, nos recuerda nuestro tiempo de existencia, nuestra caducidad y nuestra evanescente finitud.

Si uno se toma como un individuo, todo esto es muy real. Una persona con una mente limitada, sólo ve el mundo como un espejo de sí misma. Los demás son objetos (sujetos) separados con similar forma física y con mentes modificadas por su entorno cultural, familiar y social. La mente tan sólo puede proyectar aquello que experimenta como propio.

La decadencia del cuerpo es vista como un proceso de destrucción y acercamiento a un final irremediable. Algo inevitable, doloroso y angustioso.

muerte

Negar esto es no asumir los hechos. Por muy idealista que uno sea, la sombra de la muerte es la espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas.

Este cementerio que visito es aún un lugar acogedor. Acogedor en el sentido de no parecerse a los modernos espacios silentes fríos y despersonalizados de nueva construcción.

La muerte se desplaza fuera de las urbes. Es la huida hacia adelante, la irreflexiva actitud de una sociedad que vive del pasado y no actualiza su historia.

Es la paradoja del pensamiento que alaba el concepto de familia, pero que olvida a sus antepasados en el basurero del orbe.

Pero este camposanto aún permanece dentro de mi ciudad. Conserva las miles de memorias, con todo su dolor y sufrimiento, de los residentes ya despojados de sus familiares y amigos. Seres humanos que murieron en cruentas guerras, asesinados, niños inocentes que prematuramente dejaron de respirar y personas mayores que sufrieron enfermedades y dolencias inevitables que les acompañaron al final de sus días.

La muerte no conoce edades, ni hace distinciones de clases sociales, ni tan siquiera pregunta a padres, madres o hermanos si dan su conformidad para ser entregados a la Tierra que les vio nacer.

Este manto de pensamientos cubría aquel espacio, donde podía escucharse el silencio de la muerte como gran emperador y guardián de este templo.

Uno no tiene la libertad de elegir su forma de morir, ni su tiempo, ni tan siquiera la manera de abandonar esta existencia.

Aquí la ley la marca algo ajeno a la voluntad del ser humano. Este solo puede resignarse, lo cual no es aceptar este evento, sino una manera de sufrir en silencio, de interiorizar el temible dolor de la separación y la imposibilidad de superar la aflicción que crea el apego al fallecido.

En realidad, este dolor es el dolor propio, no reconocido, pero que se expresa inmerecidamente a través de la pérdida de algo que se considera propio y que se desea permanezca en el guión del personaje que añora el recuerdo y no se resigna a la ruptura de esta película vital.

Esta lucha entre el recuerdo y el hecho en sí mismo, genera el sufrimiento, la aflicción, acompañada de la añoranza, la tristeza y la pérdida de algo valioso en nuestras vidas.

Hoy el cementerio estaba muy visitado.

Podían verse personas vestidas de negro, sentadas alrededor de las tumbas de mármol, hablando o simplemente discutiendo sobre cuestiones mundanas, intrascendentes.

Esta irreverencia contrasta con el significado profundo de este Vacío que Somos, siempre disponible y que podía escucharse cuando uno es sensible a este dolor humano. Pero el ruido, la conversación intrascendente anegaba el corazón de esas personas, poco dispuestas a entrar en este espacio de no juicio, de arrebatadora metamorfosis de Vida Permanente y Sin Cambio.

Había un muro rodeando el camposanto. Y había un muro en los corazones de todos estos hombres y mujeres que no dejaba pasar la música de este espacio que no conoce fronteras. El hombre pobre con todos sus recuerdos sólo levanta más altura en esta pared de separación entre la Vida y la Muerte.

El hombre rico no aparecería hoy. Mandaría limpiar las tumbas de sus antepasados a alguien que no fuera él mismo, intentando olvidarse en su cómoda vida mundana de la inexorable llegada de la muerte. No mancharía sus manos con el polvo amontonado en las cruces y lápidas, para no mezclarse con el pueblo llano, ajeno a que todos somos uno y lo mismo. Él levanta muros en este mundo con sus juicios y opiniones basadas en su aparente superioridad, olvidando que la muerte le iguala al resto en el final de sus días.

Había flores sobre los nichos. Pero no desprendían el perfume de la flor fresca recién cortada, pues la mayoría estaban hechas de plástico para que permanecieran visibles a los demás.

Como un escaparate de vanidades vendrían familias a mirar otras tumbas de otras familias, inspeccionando, comparando y criticando la de los otros, en un intento de rebajar las posibles cualidades del difunto y sus acompañantes. O simplemente, compensando con sus opiniones destructivas, sus carencias vitales y sus faltas, difícilmente expiables dentro de su entorno familiar.

Las flores, las coronas y los ramos de plástico permanecerían para ser vistos como un signo o demostración de amor hacia el difunto, el cual, posiblemente, no disfrutaría de tantas atenciones en su vida sobre esta tierra.

Es tan compleja la mente humana, que uno no alcanza a comprender a veces los motivos de sus actos. Pero sí sus consecuencias. Permanecer atados al dolor que representa la esclavitud del condicionamiento impuesto.

La verdadera muerte no es conocida por el hombre común, atareado en su rutina diaria, siempre poco dispuesto a entrar a conocerse como lo que es. Él vive de imágenes dispuestas por otros, agregadas al recuerdo y a la memoria.

Verdades indirectas.

Este mundo conceptual de la mente humana es tan frágil, aunque se considere seguro. La única certeza es esta muerte, que no es un final del cuerpo, sino un acompañante permanente agazapado en cada gesto diario. El envés de la Vida, la otra cara de esta manifestación que llamamos Mundo.

Decir Mundo y decir “yo” es hablar una misma cosa. No dos cosas distintas, sino un mismo latido inseparable para el que vive despierto a esta Conciencia.

El ser humano no conoce la verdadera esencia de la Muerte, su belleza, que supera a la de la Vida.

Esta muerte del cuerpo no significa nada, ya que el que habita el cuerpo no sabe de este aparente despojarse de ropaje.

Hoy es el día de los difuntos…

Hay una Muerte.

Pero esta Muerte es una comunión con la Vida, con lo ilimitado, con lo Inexpresable.

Y todo esto llega cuando se abandona esta noción o concepto de “yo” como centro de percepción del mundo.

Aquí, entonces, se derraman lágrimas, pero no de dolor, sino de alegría y contento por este maravilloso descubrimiento, aparentemente oculto, pero siempre disponible para un corazón que anhele la Verdad.

Y es como la lluvia del otoño… una bendición sobre los árboles y el manto que cubre esta Tierra maltratada por el hombre, siempre fértil y que continúa confiando en su redención.

El problema de la proyección. Cómo identificarla y transformar nuestra visión. 

butterfly, insect, leaf

Todos hemos tenido alguna vez proyecciones mentales.  

¿En qué consisten éstas?  

El problema de la proyección.

En adicionar a nuestra visión de los objetos ciertas cualidades que no poseen y que la primera impresión es tan rápida y difícil de separar entre lo real y lo imaginario. 

A todos nos ha sucedido que caminando hemos visto cierto objeto en la lejanía, por ejemplo, una bolsa de un color y forma determinados, y hemos asumido de inmediato el impacto visual y una breve conversación mental interpretativa…  ”Eso es un hombre recogiendo algo en el suelo”… y cuando nos hemos acercado observamos que es una simple bolsa de basura con forma humana tirada en el suelo.

Aquí la mente está siendo engañada por el velo de la ilusión, lo cual es la parte grosera asociada a la conciencia que está empañada por esos paquetes de memoria.

Por lo tanto, está yendo más allá de su esfera natural de actuación, y por eso, conocemos de inmediato que toda expectativa irreal nos muestra un estado irreal de visión de nosotros mismos. 

O bien, nos hemos sentado en un banco con el espíritu de descansar y sentir la calidez del solo que asoma en esos momentos.

Sentados hemos percibido el roce de los cálidos rayos y a continuación si las nubes tapan el horizonte, empezamos a percibir el aire y la sensación de frío empieza a asomar en nuestra mente, la cual interpreta eso como “desagradable” o “agradable” de forma automática, emitiendo un juicio de valor y una conclusión: “Si te quedas aquí te vas a resfriar”.

Este tipo de automatismos pertenecen al cuerpo sutil que busca la preservación natural de la temperatura o rango de ellas en las que el cuerpo se siente dichoso o feliz.

Es, por tanto, ese estado natural de felicidad lo que vamos buscando, no la sensación de frío o calor y su interpretación, sino la esencia de ese estado interno. En este caso, el funcionamiento en su esfera es el adecuado. 

El patrón mecánico

Este proceso se refuerza por el mecanismo de la racionalización excesiva.

Es decir, la mente acostumbrada a entender o intentar entender todo en base a su experiencia previa, para poder enmarcar un hecho y poder ser transmitido, es en primer lugar reducida en su energía primaria a energía intelectiva.  

Este proceso de construcción mental está arraigado en personas excesivamente intelectuales que viven unos valores heredados en el entorno y que internalizan como guías o ideales a desarrollar.  

Aunque los ideales son deseables, tenemos que tener en cuenta que una conducta moral puede encerrar un cierto tipo de error cognitivo que no percibimos, debido a un mecanismo de imitación.

Cuando un valor no cumple una expectativa práctica, produce una fisura energética en el Ser, y por tanto, abre una brecha interior que produce separación.  

Cómo identificarla y transformar nuestra visión.

Todo esto es debido a una imagen distorsionado de nosotros mismos, que prudentemente diagnosticada puede corregirse con una medicina adecuada.  

Sin diagnóstico es imposible destruir la enfermedad, pues la ignorancia de nosotros mismos se mantendría circunscrito a un método que puede funcionar o no, ya que su validez no nace de una forma directa de nuestro interior.  

Si no existe este giro interior, es decir, si no dudamos de la posibilidad de estar errados, no podemos tomar conciencia de la deficiencia cognitiva que lleva implícita.

No logramos pues ver el alcance global que tiene un impacto concientivo no neutralizado por nuestro estado adecuado interior.  

Las distorsiones que se producen en el exterior no pueden ser comprendidas si no corregimos nuestra visión interior de nosotros… y ahí es donde se pone a prueba nuestra capacidad de discernimiento para poder eliminar aquello que no es duradero ni eterno. 

Si mantenemos una autoobservación serena y un actuar con unos valores adecuados a las expectativas reales, entonces estamos iniciando el camino del Dharma, aunque esto no sea suficiente para entender plenamente todavía la visión real de quienes somos, pues todavía se mueve en la limitación de la mente y las emociones, que tienen un principio y un final. 

Y es que la mente fagocita lo vital, mientras que alimenta lo artificial… ese es el poder de la Ilusión, Maya.

Una mirada inocente

marguerite, white, flower

  Hoy, siempre es hoy, el sol era sedoso, brillaba con la palidez del otoño. Sentado en un banco de cualquier parque, no importa el lugar, estaba el hombre mayor, acompañado de otros hombres, también ancianos. Estaba la fuente, con el agua siempre fluyendo. Estaba la pareja adolescente, en un rincón aislado, apresurada para el …

Leer másUna mirada inocente

Dinero versus espiritualidad.    

cash, money, wealth

Muchas personas se preguntan sobre la relación adecuada que existe entre el mundo de la materia y el mundo espiritual.

La dosis justa que persigue aquel que vive impartiendo conocimientos (cursos), actividades (talleres, seminarios) o retiros de silencio, yoga, meditación, etc.

Es una constante dialéctica que suscita controversias entre los estudiantes y aspirantes que eligen la vía de la auto-superación personal.

Aun sintiendo que esto no es la cuestión central que implica esta controversia, la cual arranca desde la parcial visión del mundo fenoménico, no he querido dejar de tratarla, describirla y aportar mi visión.

¿Por qué y cuánto se supone que debemos aportar como estudiantes a los seminarios y talleres de crecimiento personal?

Esta primera pregunta la dejo entrever más adelante, entre líneas, en mi exposición.

Si partimos del cuanto hay que aportar, he encontrado en mi experiencia y en la de otras personas, que existen varios puntos de vista que pueden resumirse en tres situaciones fundamentales:

  • Que el facilitador del taller no cobre absolutamente nada, pues el conocimiento universal es gratuito.
  • Que el facilitador de la actividad cobre un precio asequible, que le permita cubrir los gastos de desplazamiento, alojamiento y manutención, hasta el punto de destino y su retorno.
  • Que el facilitador cobre un importe, que al igual que en el anterior caso le permita cubrir sus gastos, así como un beneficio que destina generalmente para poder seguir cubriendo sus necesidades materiales cotidianas, y por ende, su actividad como facilitador.

En este contexto de relación, donde sólo aludimos a la cuestión económica, la figura del facilitador se alza como único interlocutor válido en el sistema de elección, no solo del precio del evento, sino también en el diseño y ejecución del curso.

Así existe un contrato invisible que liga generalmente ambas partes, las cuales aceptan de buen agrado tanto las condiciones como el discurrir del evento.

Leer másDinero versus espiritualidad.    

Cómo conseguir éxito en la vida sin tener objetivos.

dart, target, hits

Éxito sin objetivos. Me encanta jugar con este lenguaje tan deshonesto. Como el título de esta entrada. El “cómo” es muy tentador. Los amantes del beneficio lo saben. Tanto del beneficio económico como del espiritual. La palabra “éxito” es tan llamativa. Vende mucho. Es la llave de oro. El oasis del sediento. Pero como tal …

Leer másCómo conseguir éxito en la vida sin tener objetivos.

MetaConciencia on line

Minicharlas facebook no dualidad

¡Bienvenido a tu Espacio de Crecimiento! El mayor regalo que puedes ofrecer y ofrecerte es invertir en Conciencia. PRÓXIMAMENTE, PODRÁS DISFRUTAR DE UN CURSO ONLINE TUTORIZADO DE METACONCIENCIA. Curso de MetaConciencia I. ¿A quién se aplica? Este curso aplica a aquellas personas que desean iniciarse en la Vía de la Hormiga. Está orientado a que …

Leer másMetaConciencia on line

Una mirada sobre el concepto de tiempo desde la visión Advaita.

wormhole, space, time

El tiempo es el origen de la división. El tiempo como tal no existe. Existe el tiempo para alguien, o incluso la duración de algo. El pensamiento es tiempo, duración, finitud y devenir. El concepto de tiempo ha encadenado al hombre a la prisión del sufrimiento y la ansiedad. El tiempo es limitación. Es la …

Leer másUna mirada sobre el concepto de tiempo desde la visión Advaita.

velit, nec Praesent dolor sed ipsum justo