El título de este tema viene a colación de un asunto muy repetido en la vía de la no dualidad: la ausencia de una asumida persona que actúa en el mundo y que suele identificarse con el buscador espiritual.

Ya Ramesh Balsekar ha escrito varios libros sobre esta cuestión y es el eje esencial de su mensaje del despertar.

Cuando profundizamos en nuestro interior podemos darnos cuenta que en seguida que realizamos cualquier acción, surge en nosotros el deseo de gratificación o recompensa, o bien, la sensación de rechazo o frustración.

Esta idea de no ser el hacedor engancha con la sugestión del ser humano de la idea de libre albedrío. 

¿Tenemos libertad de elección o no la tenemos en absoluto?

Sería interesante que me comentaras qué sientes al respecto cuando te haces esta pregunta. Puedes abrir un hilo de discusión en el foro al respecto.

Por mi parte, desde la visión no dual, conocemos que antes de que la asumida persona efectúe una acción, ya el cerebro ha tomado su elección milisegundos antes de llegar a la parte consciente. Es decir, estamos dominados por una zona desde la cual no tenemos elección… aunque tengamos eso sí, la sensación de haberlo adoptado.

Ya Nisargadatta dice:

“Las acciones surgen espontáneamente, no hay nadie que participe en la misma. Una vez realizado tal o cual evento, viene la mente posteriormente a encumbrarse el mérito o demérito de la acción, lo cual es una asunción extendida a todos los seres humanos”

Ambos polos no dejan de ser el mismo mecanismo dual, desde la vertiente de la asumida persona, la cual trata de conseguir un objetivo dentro de su propia historia personal, el cual fabula o fantasea con que puede darle absoluta felicidad, abundancia, salud y prosperidad, y que en consecuencia le llevará al aspirante a un estado de siempre contento.

Me gustaría resumirte desde la no dualidad mi visión al respecto.

DECÁLOGO DEL DESPERTAR NATURAL Y ESPONTÁNEO, YESOD.

La comprensión última es:

“Que sólo hay una fuente, pura subjetividad, con cualquier nombre que se conozca. Noúmeno, Absoluto, Conciencia, Energía Primordial o —como prefiere llamarla el hombre común— Dios.

Que la manifestación fenoménica es una emanación de, o el reflejo de, la Fuente UNA, que consiste en miles de especies de objetos tridimensionales, extendidos en el espacio-tiempo.

Que, por lo tanto, el ser humano es una de las especies de objetos tridimensionales —un ser consciente, con los diferentes sentidos a través de los cuales se produce el funcionamiento de la manifestación fenoménica—, lo que conocemos como VIDA.

Que la “vida”, tal como la conocemos, en el funcionamiento de la manifestación, ocurre porque la energía primordial, funcionando a través de los millones de seres humanos, produce por medio de cada uno de ellos, a cada instante, lo que se supone que debe ser producido de acuerdo con la ley cósmica conceptual que ha prevalecido desde el comienzo del tiempo, cuya base el ser humano, el objeto tridimensional, no podría siquiera imaginar, y mucho menos “conocer”.

Que el ser humano es esencialmente un instrumento programado de manera única (genes con ADN único, además del condicionamiento medioambiental que cada ser humano recibe en su casa, en la sociedad, en la escuela, en la iglesia o en el templo), una programación sobre la cual el instrumento humano no puede tener ningún control.

Que la base misma de la manifestación fenoménica es la existencia de opuestos interconectados de toda la variedad concebible, empezando con masculino y femenino, bello y feo, bueno y malo, y todo lo demás.

Que la base misma de la vida, tal como la conocemos, es la elección por parte del ser humano entre los numerosos opuestos interrelacionados…, siendo ser feliz si ocurre la alternativa elegida e infeliz si ocurre la otra alternativa. Por lo tanto, este comparar, elegir y juzgar es la causa básica del sufrimiento humano.

Que esta comparación y elección no puede ser hecha por el objeto tridimensional y, por tanto, la Fuente tuvo que crear un EGO a través de la hipnosis divina, un pensamiento que identifica el ego con un organismo cuerpo-mente particular y un nombre, junto con el sentido de autoría personal.

Que, por lo tanto, es el ego, un mero pensamiento creado por hipnosis divina, el que hace que el ser humano se considere una entidad independiente que realiza acciones y se siente responsable de dichas acciones. Todo lo que hay son, de hecho, sólo objetos tridimensionales: animales sin ningún intelecto y un animal humano con intelecto; pero, en cualquier caso, sólo un objeto que no puede “hacer” ninguna acción o elección. Es este EGO no-existente —una mera identificación con una forma y un nombre particulares— el que se considera a sí mismo el hacedor y, por lo tanto, sufre.

Que el sufrimiento del ser humano está totalmente basado en este sentido de ser el autor personal de la acción y de responsabilidad personal, y, por lo tanto, el único modo de eliminar el sufrimiento humano es mediante la retirada total, la aniquilación de la hipnosis de la autoría personal de la acción.

Que la base del sufrimiento humano es, por el sentido de autoría personal, una carga de culpabilidad y vergüenza, o de orgullo y arrogancia por sus propias acciones, y una carga adicional de odio y malicia hacia el “otro” por su acción, que le ha dañado de un modo u otro.

Que el único modo de retirar esta carga monstruosa de la mente es ser capaz de aceptar totalmente lo que el Buda expresó de manera tan sucinta y poderosa: “Los sucesos ocurren, las acciones son hechas, pero no hay individuo que las haga”.

Que el único modo de que esto pueda ocurrir, el único modo de que la hipnosis del sentido de volición y actuación personal sea aniquilado, es que eso sea lo que supuestamente tiene que ocurrir de acuerdo con la ley cósmica; es decir, con la voluntad de Dios.

Que lo único que el ser humano puede “hacer” es investigar detenida y honestamente quién es ese “yo” que cree ser el agente.”