EXPERIMENTOS Y JUEGOS CON LA CONSCIENCIA.

Título: Respira con un árbol.

Durante un paseo por el bosque o por un parque, elige un árbol. Da igual que sea grande o pequeño, joven o viejo.

Dirígete hacia el que más te atraíga. Colócate frente a él a unos metros de su tronco, y asegúrate de que puedes verlo de arriba a abajo.

Salúdalo. Pregúntale si está de acuerdo.

Ahora, sin dejar de mirar el árbol, ánclate al suelo, separa tus pies a una distancia equivalente al ancho de tu espalda, y a continuación extiende la planta de tus pies sobre el suelo.

Asiéntate.

En ese momento, siente el vaivén de tu respiración. Tu punto de referencia es la pared interior de las fosas nasales, fresca en la inspiración, tibia en la expiración. Esto se hace solo. Tú observa.

Cuando sientas que se ha instalado en tí este ritmo, haz crecer raíces desde el centro de tus pies hacia el suelo, con cada expiración.

Después, con cada inspiración, la energía sube por estas raíces y te atraviesa.

Tu red de raíces se extiende, se alarga, se hunde, el árbol te acompaña. Sus raíces tocan las tuyas, se enlazan con ellas. Siente cómo se refuerzan estos puntos de anclaje con cada expiración. Puede que profundices tanto que tengas sensación de alcanzar el centro de la Tierra.

Mantente unos instantes viviendo todo esto. Siéntete árbol. Siéntete en conexión contigo mismo, con el árbol, entre la tierra y el cielo. Déjate atravesar por esta abundancia.

Deja que estas sensaciones duran el tiempo que te convenga. Después, cuando hayas llegado al final de esta primera etapa, da las gracias al árbol y ve a estrecharlo entre tus brazos.

Si te apetece, ponle un nombre.


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