Mística y vida práctica

Mística y vida práctica

«Oh, pequeñita forma, […] encomienda estas cosas que ves con los ojos interiores y que percibes con los oídos interiores del alma, a la escritura firme para utilidad de los hombres; para que también los hombres comprendan a su creador a través de ella y no rehuyan venerarlo con digno honor.»

Introducción al Liber operum divinorum.

 

Hoy en día se torna muy necesario vivir una vida mística. La mente del ser humano se ha volcado excesivamente hacia el exterior, hacia los objetos, produciendo un radicalismo externo que da consistencia al mundo de las apariencias.

La mística es el camino de regreso para recomponer la neurosis primigenia del ser humano.

La división fundamental en el nacimiento es el sexo.

Sexo significa separación.

En la cópula sexual se produce la unión de los opuestos, el clímax de la experiencia unitiva. Uno abandona la sensación de separación por unos instantes para asomarse al espacio de la reconciliación con el Todo.

Examinando la etimología de la palabra “mística”, encontramos que encierra el significado de “misterio”, “cerrado”, viniéndonos a decir claramente que es un conocimiento de lo desconocido, de lo transpersonal, que como semilla toda la existencia lleva incorporada. Es lo íntimo de lo íntimo, aquello de lo que no existe duda, el núcleo de nuestra realidad más profunda. También es lo común, lo participativo en todo, lo que no puede ser conocido como objeto, sino la Esencia desde donde arranca nuestra vivencia.

La mística no es una propuesta metodológica, aunque así nos la hayan presentado algunos instrumentalistas de la vida religiosa, sino la simple naturalidad y espontaneidad desde donde nace el Yo, el Mundo. Es, por tanto, un conocimiento inherente al que no puede agregársele nada. Está incontaminado por conceptos, ideas, creencias y opiniones. Es el espacio común que habitamos. Es desde allí desde donde surgen la Paz, la Dicha y el Amor, que desafortunadamente tras recorrer el camino de la mente egoica, se degrada y se transforma en palabras y actos alejados de la Esencia.

Meditar es llevar continuamente la mente al corazón. Es invocar la Fuente de donde todo pensamiento nace.

Meditar es aferrarse a esta sensación desnuda de existir, sin ningún aditamento, ni palabra. Adentrarse en ese espacio de silencio interior, abriéndose paso entre la multitud de pensamientos erráticos de la mente.

La meditación es una medicina para el alma.

La meditación es el pan del sabio.

Para meditar es indispensable el coraje de penetrar entre la vorágine de creencias e ideas heredadas del entorno.

Toda persona puede llegar a la experiencia de la Realidad, de la No Dualidad.

Simplemente medita.

Simplemente Sé.

 

 

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