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La Enseñanza Viva.

La Enseñanza Viva.

Hoy por la mañana, después de tomar mi café, me desayunaba la siguiente noticia en el periódico local que acostumbro leer:

“Thomas Edison abandonó el colegio prematuramente al ser considerado torpe; Alfred Hitchcock era un alumno desmotivado en todas las asignaturas; y Steve Jobs se aburría mucho en las clases de Primaria.”

Aunque todos hemos sido educados por nuestros padres y profesores, sentimos desde muy jóvenes una pérdida de libertad a medida que aprendemos diferentes conocimientos, habilidades y técnicas para prepararnos al mundo del trabajo. Nos hemos pasados muchos años, escuchando de boca de otros la necesidad de formarnos como buenos ciudadanos, hábiles trabajadores y eficaces profesionales de esta sociedad.

En el fondo de nosotros hay una evidente resistencia a formar parte de este rebaño grupal, donde nuestros mayores viven una vida estrecha, mecánica y aburrida. Pocos son los niñ@s afortunados que crecen en un ambiente de ejemplo parental, donde sentirse reflejados en un futuro.

Muchos de nosotros aplacamos esta sensación de incomodidad por y para satisfacer las expectativas de nuestros progenitores. Ellos aparte de cuidarnos, nos protegen, nos guían y nos inculcan su herencia psicológica de opiniones, creencias y expectativas. El niño inadvertidamente las asume como propia, pudiéndose dar 2 situaciones aparentemente opuestas:

  • Que el niño conserve ese sentimiento de rechazo en su interior.
  • Que el niño asuma las directrices paternas como propias.

Estas tipologías pueden no ser puras al cien por cien, ya que puede haber etapas de rebeldía manifiesta, con otras de adaptación o sumisión a las normas.

En ambos casos, el niño se siente “violado” en sus derechos, negándole la capacidad natural de aprender de sus errores e introyectando una imagen de culpa y vergüenza, nacidas del miedo a la autoridad externa. Así surgen los activistas políticos, los abogados, los artistas, etc…cuyas profesiones reflejan esa carencia vital que desean recuperar y compensar a través de sus trabajos.

Los padres y profesores asumen su rol con una legitimidad avalada por sus iguales, que entienden que la educación se basa en la asunción de normas, prohibiciones y castigos punitivos para el que cruce la frontera de la ley.

Si el niñ@ es extremadamente rebelde, puede vivir estas situaciones como un clima de injusticia, de violencia y de hostilidad manifiesta, que suele perdurar en el tiempo, creando profundos surcos en su cerebro, y que le impulsa a conductas de maltrato hacia sí mismo o hacia los demás.

A todo esto lo llamamos cultura…educación…aprendizaje. Son las banderas que enarbola nuestra sociedad civilizada, más preocupada en formar individuos adaptativos al sistema, que en seres humanos con alta capacidad de creatividad y libertad de opinión. Este sistema perpetúa la tradición impuesta por una masa anónima, que proclama el bien general por encima del individual, al Estado sobre el individuo, a la eficacia sobre la creatividad, al trabajo rápido sobre el trabajo bien hecho, al conocimiento sobre las cualidades emocionales o simplemente espirituales, al trabajo intelectual sobre el manual, a la competitividad sobre el compartir, al amasar sobre el repartir.

Es apenas lógico, cuando el individuo madura en este entorno hostil, que desconfíe de las voces de políticos, científicos, activistas sociales, vecinos, amigos, hermanos y hasta de su espos@. Existe el germen de la traición, del rechazo y la hostilidad, plantados desde jóvenes en sus delicadas mentes.

Cuando el individuo busca una salida en las enseñanzas espirituales, traslada casi siempre esta desconfianza infantil, fruto de su estado insatisfactorio, a los grupos de trabajo. Desconfía de la autoridad del gurú, desconfía de sus compañeros de camino y desconfía, básicamente, de sí mismo para llegar a comprender y asumir aquello que se imparte.

Esta imagen, o yo heredado, empaña todo aprendizaje, toda escucha, distorsionando el auténtico mensaje, que en el fondo, intenta destruir la noción precisamente de ser autor (de ahí el término autoridad) de nuestras propias acciones.

Este es el mundo real en el que nos movemos. No nos engañemos. Somos actores a veces activos, otras veces pasivos, de toda esta película de engaños, malentendidos, aversiones y discusiones en nuestras vidas. Es una programación general, que toma la forma específica en cada individuo, el matiz propio, pero el sello o substrato de la miseria y sufrimiento de toda la humanidad.

Sufre el pobre. Sufre el rico. Odia el niño argelino y el viejo japonés. Llora el joven por su amor perdido y llora el hombre maduro por su falta de trabajo. Siente celos la esposa abandonada, y siente celos el marido atareado en su diario y exhausto trabajo.

Toda esta carga impuesta no es individual, sino que la padece toda la humanidad. Podemos decir que es un sufrimiento colectivo que no sabe de fronteras, ni razas, ni sexos, ni edades, ni posición social.

El ser humano busca salida a todo este dolor.

Si es joven y ambicioso buscará un buen trabajo, aunque tenga que competir con sus iguales. Puede llegar a tener mucho dinero, pero en el fondo sabe que esto es inestable. Puede perderlo, a pesar de haber invertido toda su energía en acumularlo.

Otras personas alardean de su salud, pues comparan su físico con sus iguales y se sienten orgullosos en su logro. Pero saben que hasta un simple virus, más pequeño que la punta de su cabello puede arrebatarle todos sus méritos en un chasquido de dedos.

El hombre o la mujer bella, admira su hermoso cuerpo, inconsciente que el paso de los años marchitará su hermoso rostro.

El chico solitario busca el sexo compulsivo para saltar de su soledad y falta de cariño, empujado por la rebeldía a este sistema, intentando aliviar esta sensación de incompletitud y vacío temible que le azota diariamente.

El anciano rememora su pasado, una y otra vez, para refugiarse en los agradables recuerdos de juventud, que tanta alegría le proporcionaron, aunque el temor a la muerte le ronde antes de dormir todas las noches.

Y así pasan los días, los meses y los años de un individuo normal, sin encontrar salida a este sufrimiento impuesto, inútil, pero real. Atrapados en la supervivencia diaria, en los conflictos interminables y en las vicisitudes de la vida.

Muchas personas piensan en el suicidio. Abandonarlo todo. Han perdido casi toda la esperanza de alivio.

Suicidio significa acabar consigo mismo.

Todo el mundo está suicidándose. Algunos en cuotas diarias. Otros de forma abrupta.

Para el que escribe el verdadero suicidio es la desconexión con la Vida. La Vida sin filtros de opiniones, creencias, conclusiones y juicios. Es decir, estamos parcialmente vivos. Incompletos. No hemos resuelto el conflicto externo, que es interno, en realidad. No hemos pacificado las partes de nuestro psiquismo. No hemos logrado la gran alianza y los grandes pactos entre ellas. Por eso, luchamos. Nos rebelamos. Nos deprimimos y nos criticamos.

Entonces, el mundo tal como lo conocemos es un fiel espejo de nuestra realidad interior, disociada, dividida, esquizofrénica.

El suicida en el fondo es un gran amante de la Verdad, un diamante en bruto, que toma como verdadero su cuerpo y su mente como instrumentos de sufrimiento. Acabar con el cuerpo, para él, es acabar con su mente y el sufrimiento.

Desconoce que el cuerpo es inocente de este condicionamiento brutal, y que esta mente es un simple subproducto de esta superestructura.

Si este ser humano, abrumado por el peso de su educación y sus supuestas “responsabilidades”, comprendiera en un segundo, la falsedad de todo, se arrojaría al vacío…no de un acantilado, sino de su propia Conciencia ignota.

Por eso, se hace tan importante la figura de un Maestro vivo que encarne el mensaje de la Conciencia Intemporal, pues es la posibilidad, no muerta, sino evidente, de que cualquiera puede llegar a saltar desde el “embudo energético opresivo del yo” al ilimitado espacio abierto de energía sin causa que, en definitiva, somos.

Pero, para ti, amable lector/a, te lo pongo más fácil que al aparente y dramático personaje citado.

No dejes exteriorizar esta energía de Vida hacia los objetos del mundo, sólo reviértela hacia tu interior. Hacia esta sensación de Ser, de existir.

Es una sensación muy enterrada dentro de ti. Esquiva y huidiza.

No la abandones. Déjate impregnar por ella.

Y olvida el resto del conocimiento mundano e incluso espiritual.

Establécete en este No-Conocer, en este sentir que palpita en tu corazón puro de contaminaciones conceptuales.

Y haz tu vida. Tal como te venga.

Aparecerá un orden, que no es el orden de tu mente.

Es el flujo de esta energía, que derriba lo viejo, y te alinea con el Todo.

Un orden perfecto.

Una paz y un silencio fuera de tu alcance.

Pero no esperes resultados.

Esa es la vieja mente calculadora y astuta que intenta seducirte para actuar en los mismos términos mundanos. Viene disfrazada de duda, de temor al futuro, de desesperanza y de tristeza.

Si los observas como un espectador de cine, imparcial, estos soltarán su lastre y su asociación contigo.

Y este mundo que te abrumaba, desaparecerá como una pompa de jabón flotando en el aire.

El poder de la des-esperacion y de la des-ilusión.

El poder de la des-esperacion y de la des-ilusión.

La mayoría de las personas interesadas en la Liberación recolectan dudas sobre los modos de funcionamiento de un Ser liberado.

He podido constatar que el lenguaje del Advaita Tradicional choca con el modo de exposición de aquellos que hablamos de un despertar natural y espontáneo, desmitificando el sentido de propósito de las prácticas, rituales y puesta en escena de los estudiantes de la vía progresiva.

No soy yo quien esté en contra de tales métodos, técnicas y procedimientos que suelen prometer y reglar los pasos hacia el auto-descubrimiento.

Durante muchos años fui un atleta obsesivo de este aprendizaje y viví como un monje laico en medio de la sociedad, desempeñando las labores que mi condicionamiento social me demandaba.

Ligar el hecho de haber hollado este camino no justifica el posterior despertar que me sucedió. Como tampoco puedo colegir que el no haberlo experimentado hubiera desembocado en el mismo suceso de des-identificación personal.

Lidiar con estas prácticas, no deja de ser un método pensado sino para agotar la voluntad personalista, junto con todas las ilusiones y esperanzas del buscador espiritual.

En definitiva, quemar todo rastro de individualidad.

Cuando se llega a este punto, uno se da cuenta de que no sabe nada, y pensar en atribuir ciertas condiciones, factores y experiencias a un hecho ordinario como es el despertar natural, es crear falsas expectativas a quien te escucha, lee o se interesa por este evento.

Si bien es cierto que practicar ciertas técnicas progresivas induce un estado de calma, bienestar y cierta ecuanimidad, el estado natural, este Silencio, no está al alcance de nadie. Y cuando digo nadie, me refiero a que tiene una cualidad diferente.

No es autoimpuesto.

Te deja al margen de tus fantasías, imaginaciones y creencias sobre lo que son conceptos como la Paz, la Libertad y la Felicidad.

Esto no puede ser descrito.

Está ahí siempre disponible, por lo tanto, no lo llamaré “un estado”.

Se asemejaría más a “un ver”, que observa todo, al personaje que vive y se expresa en el mundo, y que te atrapa en su forma de mirar.

Un “espacio” que lo contiene todo y que se expresa sin palabras.

Es un salto.

Una interrupción.

El mecanismo de la mente de mono se ha roto.

El juguete deja de funcionar creando asociaciones de ideas neuróticas.

Dos vías que son una …

Por esto, reflexiono que existen dos vías para aquellos que están interesados en el autodescubrimiento de sí mismos.

  • La vía de la hormiga, donde se dan pautas, técnicas y procedimientos que progresivamente van minando las resistencias internas de la personalidad.
  • La vía del pájaro, que invoca zambullirse en la práctica directa del Ser y vivir-se desde esta mirada sin elección.

Las dos desembocan en la rendición.

Así que “tanto monta, monta tanto…”

La primera apela a la tradición y la experiencia de gurús, maestros y autoridades en materia espiritual.

La segunda invoca a tu poder interno, único gurú, que se manifiesta en la certeza, coraje y confianza de que Ello no está contaminado por la naturaleza del pensamiento dual y que exhorta al auto-reconocimiento de tu naturaleza esencial.

El primero prescribe ciertas reglas de conducta, cierta disposición de ánimo y restricciones en tus hábitos de vida.

La segunda se expresa como un mensaje sin propósito desde la libertad hacia la libertad, sin pasos intermedios y sin conexión con las acciones del buscador.

Las posibles trampas…

El peligro en las vías progresivas está en la trampa subyacente del llamado “inflado del ego espiritual”, pues puede robustecer el anclaje de nuevas creencias en el ámbito del estudiante.

El peligro en la vía directa es la falsa idea de que comprender la enseñanza es realmente la comprensión final. Confundir claridad mental con aquello que no es posible comprender.

Al final, el engaño para el ego de ambos está servido. Pues cuando el ego se debilita, cae en la trampa amorosa de Lo Que Es y no puede escapar.

O bien, podría expresarse como que cuando lo evidente es abrumador por sí mismo, aparece el Si Mismo.

En el primer caso puede ocurrir que el personaje con sus fantasías se desilusione, y que en la vía directa este mismo personaje entre en la desesperanza.

El ego se desploma y se aflojan los esfínteres …

El miedo puede volverse pánico cuando las ilusiones se desmoronan y cuando la esperanza de encontrar algo se destruye.

Así puede aparecer la Presencia, como luz después de la tormenta.

Dos grandes aliados pues, la des-ilusión y la des-esperanza, en muchos casos, síntomas del despertar previo.

Aunque también existen casos de Despertar Natural sin que haya existido estos precedentes, estas expectativas y estos estados de ánimos.

Y este es el que más me interesa… pero eso lo dejo para otra entrada.

 

Todo lenguaje es falso.

Todo lenguaje es falso.

Todo lenguaje es falso.

Este lenguaje que utilizamos es básicamente pro-ego. Es decir, está orientado a la comunicación en este mundo de apariencias individuales, donde el puente que nos une (o desune) es la articulación de mensajes.

Refuerza la idea de conseguir, de obtener algo de este entorno llamado mundo, con el cual nos manejamos diariamente. Mensajes que solemos catalogar como importantes, urgentes, necesarios, innecesarios o banales.

Todas estas distinciones son la marca distintiva de una mente personal que colorea cada afirmación con la brocha de la cultura heredada.

La época que vivimos, nuestra moral, nuestra influencia familiar o educativa, se encarga de clasificar nuestras comunicaciones en una escala de valores que asumimos como propia.

Puedes observar cómo la ideología cuando es capturada como propia, empaña las lentes de la Conciencia.

Crea separatividad, temor, aversión y violencia entre los seres humanos.

Levanta murallas tan grandes como el muro de Berlín. Un sólo pensamiento de odio construye en un instante un precipicio insalvable entre las personas.

 ¿Cómo puede el lenguaje ayudarnos a percibir lo real?¿Cómo podemos encontrar Paz entre los seres humanos desde esta comunicación verbal?

Sólo existe un modo.

Ese lenguaje que articula el mundo, debe estar empapado de Amor, de Comprensión y de respeto. Respeto por la libertad del otro. Sin miedo a que pueda equivocarse. Sin miedo…

Encontrar el origen del miedo, observarlo sin justificación, ni condena.

Ver su baile en la mente.

Ver cómo actúa y quiere seducirnos, atraparnos.

Una mirada así, es liberadora. Y es liberadora en el instante.

No necesitas analizarlo.

No necesitas comprenderlo.

No necesitas diseccionarlo.

No necesitas tiempo…

¿Quién está en peligro en este intercambio verbal?

Una imagen. Esa imagen que has construido inadvertidamente. Que has asumido como propia, aunque intuyes que es heredada.

Sí. Todo lo que sabes, entiendes y comprendes es herencia del pasado.

No puedes vivir el presente con esta carga inútil. Sólo la mente personal egocéntrica es la única interesada en mantenerte atado/a al círculo del sufrimiento, de la separatividad.

Yo sé que las palabras nunca pueden retratar con exactitud el hecho.

Utilizo la palabra como un machete para abrirme paso entre la jungla de conceptos de la mente.

Es un instrumento para apuntar hacia algo que no puede ser entendido a nivel de la mente, un espacio sin conceptos.

Mi corazón sabe aquello que mi mente desconoce. Siente y percibe con absoluta claridad que no existen distancias ni diferencias entre los objetos de la conciencia.

Esta mente se encuentra aturdida y distraída jugando con los diferentes juguetes conceptuales que se le suministra.

Por eso este mensaje no es para ella. Su destinatario es esta Conciencia Común que yace dormida, aparentemente, en el regazo de tu corazón.

Esta Conciencia te está gritando “¡ Feliz, feliz, feliz …ábreme paso…Soy Tú !



 

Extractos gratuitos de libros y talleres

Extractos gratuitos de libros y talleres

Libros y escritos.

Esta página está orientada para mostrar aquellos mensajes esenciales que ayuden a despertar el corazón dormido de la Conciencia en cada uno de los estudiantes del Vedanta. Son extractos de mi primer y segundo libro que ofrezco de manera gratuita para el lector ávido de esta enseñanza.

No son un cuerpo doctrinal en sí. No lo intentan. Para ello, estoy diseñando un esqueleto de enseñanzas fundamentales para tomar impulso en el ascenso del Ser.

Les llamo “Juegos y experimentos con la Conciencia“.

Constituyen un puntero hacia la Verdad, mi aportación para compartir el despertar espontáneo y natural.


Extracto de Caminando hacia el Vacío

 


 El Silencio


El ciprés me lo mostró


 

 

La canción de los pinos

La canción de los pinos

pinos

Los jardines del parque

Hoy hemos visitado el cercano parque que existe al lado de mi casa. La mañana era fresca en un principio, pero se adivinaba que el tiempo cambiaría, pues el otoño es un niño caprichoso que juega a su antojo con el juguete del sol, las nubes y el viento.

Había personas mayores celebrando su festividad, todas vestidas igual, como si de un equipo de competición o una representación teatral se tratase. Iban cantando canciones infantiles, con globos, en fila como colegiales que hubieran salido al patio de un colegio.

A pesar de sus años, respiraban aún un espíritu alegre, quizás adormecido por los pesares de la vida, la experiencia de los años y el desgaste físico que impone la edad.

Avanzamos un poco, y más adelante, nos encontramos con otro pequeño desfile, pero ahora de niños y niñas de un colegio, seguramente cercano, que alegremente practicaban deporte, en pequeños grupos, andando rápidamente y corriendo a la voz de su profesor.

A ellos se les veía disfrutar del hermoso día, del parque que respiraba una gran paz, a pesar del bullicio de los chicos y sus incansables risotadas. Ellos no parecían preocupados, estaban simplemente imbuidos en su juego, aunque su maestro gritaba como si sus órdenes fueran látigos de domar leones cautivos. Observamos aquello con gran asombro y vimos el peso de la responsabilidad en sus hombros, la carga que aplastaba la espontaneidad de cualquier niño que estuviera bajo su mirada.

Más tarde cuando ya el sol empezaba a declinar, visitamos otro parque, a poca distancia del anterior.

Estaba situado al lado de unas inmensas y antiguas murallas que sirvieron para proteger la ciudad de los invasores de aquella época. Esta estructura era muy valorada por el historiador y el urbanista, aunque en otras épocas no fue respetada por el gobernante caprichoso y desinformado. La muralla era el límite para aquellos hermosos pinos, que seguramente estuvieran antes que las personas que habitaban esa ciudad.

Los pinos


Cuando uno abraza estos árboles, reconoce la conciencia nonata que es dichosa en sí misma, ausente de la propia existencia, con tal claridad que todo lo construido y destruido por el hombre era insignificante. Seguramente los árboles no serían respetados por los visitantes que pasearán por su lado sin advertir su majestuosa belleza. Ellos no pretenden impresionar, ni compiten como el ser humano para demostrar sus dones, tan sólo sufren cuando son talados o quemados por la violencia indiscriminada de las personas.

El joven está ignorante de este cuadro pictórico y busca sólo refugio en él en las épocas de calor, amontonando desperdicios y botellas de alcohol o papeles y plásticos, que degradan el entorno. Pero el árbol seguirá ofreciendo siempre esa sombra amable en verano y techo en época de lluvias para el transeúnte infortunado que inesperadamente se encuentre sin abrigo del agua.

Ahora, con la ausencia de luz, los chicos y las chicas buscaban siempre el lugar apartado donde encontrar la intimidad que no encuentran con sus padres, dando rienda suelta a su rebeldía, ofreciendo drogas a otros, víctimas de su propia química corporal. Algunas parejas de jóvenes permanecían juntos, probando el juego del amor adolescente, con todas sus reglas, prohibiciones y tentadores actos, perdidos en un guión nuevo donde aprender a vivir sus propias vidas.

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